Museo Nacional de Arte

Paisaje zapatista, 1915 (anverso) La mujer del pozo, 1913 (reverso)




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Paisaje zapatista, 1915 (anverso) La mujer del pozo, 1913 (reverso)

Paisaje zapatista, 1915 (anverso)
La mujer del pozo, 1913 (reverso)

Artista: DIEGO RIVERA   (1886 - 1957)

Fecha: 1913 y 1915
Técnica: Óleo sobre tela
Tipo de objeto: Pintura
Créditos: Museo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Descripción

Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 192-193

Descripción:

"…En 1915, un joven pintor mexicano, residente en París, elabora el cuadro conocido ahora como Paisaje zapatista El guerrillero. Se trata de la contribución más importante que hace al cubismo Diego Rivera en un cuadro que trata de reconciliar el lenguaje formal y universal de la vanguardia cubista con preocupaciones claramente mexicanas. Ese intento de reconciliación es característico de la obra cubista de Rivera en la segunda mitad de los años diez, y da lugar a obras brillantes. Rivera participó en los debates de la vanguardia parisina, compartió sus penas y exilios (el que provocó la guerra), tuvo un intenso diálogo con Guillaume Apollinaire y riñó con Pierre Reverdy. También el pintor, como Azuela y Borges, lamentó estos devaneos al final de su vida, y los definió en términos más radicales: dijo que las formas de la pintura de vanguardia podían entenderse como enfermedades infecciosas, gérmenes que habían atacado su cuerpo debilitado por las penurias de la Primera Guerra Mundial".

(Antony Stanton/Renato González Mello, 2013, p. 26)

Descripción

Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 192-193

Descripción:

"…En 1915, un joven pintor mexicano, residente en París, elabora el cuadro conocido ahora como Paisaje zapatista El guerrillero. Se trata de la contribución más importante que hace al cubismo Diego Rivera en un cuadro que trata de reconciliar el lenguaje formal y universal de la vanguardia cubista con preocupaciones claramente mexicanas. Ese intento de reconciliación es característico de la obra cubista de Rivera en la segunda mitad de los años diez, y da lugar a obras brillantes. Rivera participó en los debates de la vanguardia parisina, compartió sus penas y exilios (el que provocó la guerra), tuvo un intenso diálogo con Guillaume Apollinaire y riñó con Pierre Reverdy. También el pintor, como Azuela y Borges, lamentó estos devaneos al final de su vida, y los definió en términos más radicales: dijo que las formas de la pintura de vanguardia podían entenderse como enfermedades infecciosas, gérmenes que habían atacado su cuerpo debilitado por las penurias de la Primera Guerra Mundial".

(Antony Stanton/Renato González Mello, 2013, p. 26)