Museo Nacional de Arte

Diploma de académico de mérito por la Real Academia de San Carlos de la Nueva España




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Diploma de académico de mérito por la Real Academia de San Carlos de la Nueva España

Fotografía: David Álvarez Lopezlena Retoque fotográfico: Perla Godinez Castillo

Diploma de académico de mérito por la Real Academia de San Carlos de la Nueva España

Artista: COSME ACUÑA   (1758 - 1814)

Fecha: 1797
Técnica: Grabado en metal
Tipo de objeto: Estampa
Créditos: Museo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Descripción

Descripción

En las partes alta y baja de un marco moldurado, sombreado y de apariencia tridimensional, aparecen sendos grupos alegóricos: uno de tres putti que rodean una cartela conteniendo las armas reales y, en su contraparte, la personificación alada de la Fama con dos trompetas en mano. En la filacteria que ondea sobre un putto, mismo que sostiene una corona de laurel, está inscrito el lema: Detrahit atque solit. En una cartela coronada pueden reconocerse las armas de Castilla y León y las flores de lis de la dinastía borbónica. También pende del blasón la condecoración de la orden de Carlos III formada por el collar, el Toisón de Oro y la Gran Cruz de ocho puntas con la Inmaculada Concepción al centro.

El grupo inferior está compuesto por las personificaciones femeninas de la tres nobles artes, todas coronadas con una hipoglótida (corona de laurel) y ataviadas con jubón y capa; de izquierda a derecha representan a: la Arquitectura, recostada sobre una columna jónica, con plomada y compás a sus pies y escuadra en la mano (atributos de estabilidad y solidez); la Pintura, con pincel en mano, paleta y tiento, frente a un caballete con el retrato de perfil de Carlos III, también laureado (recursos con los que alcanza tanto la ficción como la perfección al evocar e imitar a la naturaleza), tiene una mordaza en la boca y del cuello le cuelga una máscara ciega, para indicar que el arte de Apeles es poesía muda del mismo modo que la poesía es pintura para los invidentes, y, luego de un libro o tratado (para connotar que el estudio es el dominio de todas ellas), la Escultura, que, sentada en el borde del marco, martillo y cincel en mano, abraza un torso masculino; a su lado, en la penumbra, se aprecian tres bustos que representan el ciclo de la vida: un niño, un joven y un anciano (aludiendo a que uno de sus fines más elevados era perpetuar la memoria de los pasos de los grandes hombres). En el extremo aparece, además, un marco o artefacto para el estudio de la perspectiva común a todas ellas: el cuadrado geométrico, también llamado "velo de Alberti".

En los flancos se encuentran dos medallones circulares: en el de la izquierda se ven los dos hemisferios terráqueos abrazados por el anagrama de la Academia de San Carlos en los que se posa un águila batiente y coronada; en el de la derecha, el escudo de la ciudad de México, compuesto por dos leones rampantes sobre un torreón, puente y aguas, y todo coronado con las "armas del reino" o el águila mexicana. En el paño central está grabada la leyenda que otorga el título, luego viene el espacio en blanco para las rúbricas del caso y se termina en dos secciones con gotas.

Comentario

Conforme a un dibujo de Cosme de Acuña y Troncoso ¿quien había sido preceptor de pintura en la escuela mexicana¿ se abrió en Madrid alrededor de 1794 una plancha para dar fe, de forma legal y expresa, de la obtención del título de académico de mérito a sus posibles egresados.

Entre los asuntos que llevó a la corte el procurador novohispano Ramón de Posada se encontraba este encargo hecho por la Junta de Gobierno de la Academia que, para el efecto, dispuso una partida correspondiente. Posada había sido el consiliario más antiguo en el gobierno de la escuela y también había fungido como presidente de la misma desde 1788; por lo que su viaje y larga estancia en la metrópoli, a partir de noviembre de 1793, era visto como una posición de ventaja para el futuro institucional y artístico de la Academia mexicana. Acuña, luego de los conflictos que tuvo con el director Gil, había regresado a Madrid desde 1791 pero también se desempeñaba como agente o representante de los intereses de la escuela mexicana, ya emitiendo pareceres, ya encabezando el malogrado proyecto de los becarios.2 Era una consecuencia lógica, pues, que Posada solicitara a Acuña este trabajo para remitirlo a México, y merced a lo cual agregaría a su conocido título de académico de San Fernando el de "director de pensionados de la Real de San Carlos de Nueva España". Así lo informó Posada a la junta en dos cartas fechadas en marzo de 1794 "relativas a la lámina de títulos de académicos".3 Y un año más tarde el grabador Moreno Texada, quien era curiosamente de formación autodidacta, solicitaba a la Academia mexicana ¿ con el aval de Manuel Tolsá¿ la gracia del mismo título en razón de haber realizado este servicio mecánico.4 Por causas que nos son hasta hoy desconocidas, el dibujante y el grabador fecharon hasta 1797 esta obra de encargo.

  Al término de sus prolongados estudios y avalado por sus maestros y correctores, el aspirante podía solicitar este grado, para lo cual se le señalaba una prueba de "repentino" y otra de "pensado" que consistían en desarrollar en menor y mayor tiempo, respectivamente, un programa arquitectónico (planta, corte y alzado), un bajorrelieve o una pintura de género histórico, según el caso. Es conocido el celo con que la Academia concedía este título y a la que estaba obligada de forma estatutaria, junto con los de "honorario" para los benefactores y "supernumerario" para los externos. Ha sido difícil saber el número preciso de títulos "de mérito" concedidos, pero se cree que no pasaron de una veintena, habida cuenta de la deserción del alumnado, los intereses creados en el seno del profesorado y la crisis política que se vivió a finales del virreinato.5 Nótese que un número considerable de estos ejemplares quedaron sin uso y hoy se conservan en la Dirección de Patrimonio de la propia Academia.6 La posesión de este documento no sólo licenciaba para el ejercicio profesional de los artistas en todo el territorio de la Nueva España, y en las demás posesiones de la monarquía, según su ramo de especialización, sino que les confería a sus titulares una nueva posición social al nombrarlos "hijosdalgos"; todo lo cual, según afirma la leyenda, los elevaba muy por encima de su antigua condición gremial y les otorgaba un rango en la nobleza, con todo y sus prerrogativas e inmunidades correspondientes. Por eso mismo era la persona del rey, o del virrey en su ausencia, el otorgante principal. También les facultaba para acceder, en caso de invitación, a ser consiliarios y miembros del cuerpo de profesores de la misma institución; es decir, sus poseedores lograban colocarse como funcionarios reales (la figura más controvertida y novedosa de todas).

  Este diploma comparte un aire de familia con otros documentos burocráticos de su tiempo, en donde generalmente se destacaba el patrocinio real sobre las artes ¿donde la efigie del monarca se colocaba como centro de sus afanes¿, para subrayar justamente el espíritu centralizador del absolutismo. Desde luego se puede establecer una correspondencia con los diplomas de San Fernando de Madrid, San Carlos de Valencia y San Luis de Zaragoza.7 Pero también hay que recordar que el mismo Acuña había realizado una alegoría igualmente ligada al protectorado borbónico sobre las artes, durante sus años de aprendizaje en la academia madrileña. En 1781 concursó y obtuvo el segundo premio de la primera clase con un ejercicio "de pensado", propuesto por su maestro Francisco Bayeu para celebrar el nacimiento del primogénito de Carlos IV y María Luisa de Parma, a saber: que a la cuna del infante concurrían las tres nobles artes ¿ con semejantes atributos¿ para acompañarlo en su educación y cantar las grandezas de su reino. A lo largo de su carrera profesional este hombre, oriundo de Galicia, dio muestras de su capacidad para desarrollar otros trabajos gráficos, con el mismo sentido documental   y alegórico o que servían en la papelería oficial de las instituciones borbónicas: Acción de la Real Compañía de Filipinas (grabado por Joaquín Fabregat y Fernando Selma, s. f. ), Acción del Real Banco de San Carlos (grabado por Joaquín Fabregat, s. f.) y los escudos del mismo banco (1784) y del Consulado de la Coruña (1804).

  La obra pertenecía a la colección de estampas del Museo de San Carlos y se integró al acervo del Museo Nacional de Arte en 1982.

Inscripciones

NOS EL VIRREYVICE-PROTECTOR PRESIDENTE Y ACADEMIA / DE SAN CARLOS DE

NUEVA ESPAÑA. / Por quanto en la persona de concurren la suficiencia y calidades que requieren nuestros Estatutos para ser Académico. / Por tanto, usando de las facultades que por el Rey nos están concedidas, le creamos Y declaramos que, además del asiento que le corresponde, y de quedar / hábil para los ascensos á que sejuere proporcionado en la Academia, debe gozar Juera de ella las honras y prerrogativas dispensadas por S.M. á su clase como se contienen en / el artículo 30 de los Estatutos, cuyo tenor es el siguiente. / A todos los Académicos de mérito que por otro título no tengan nobleza, se la concedo personal con todas las inmunidades, prerogativasy esenciones que la gozan los / Hijosdalgos de mis Reynos:y mando, que se las guarden y cumplan en todos los Pueblos donde se establecieren, exhibiendo el correspondiente Titulo. / Los Académicos, que residan Juera de México podran exercer libremente sus profesiones, sin que por ningún Tribunal ni Juez puedan ser obligados a incorporarse / en Gremio alguno, ni puedan ser visitados por sus Visita- dores o Síndicos. Y si algún Académico se incorporase en algún Gremio, por el mismo hecho quede privado de este / grado y de todos sus honores y privilegios. /Y para que, en conformidad de las intenciones del Rey, tenga todo el debido cumplimiento, mandamos expedir el presente, firmado por nosotros, y refrendado por el / Secretario de la Academia, en la Real Casa de su residencia en México.

 

Descripción

Descripción

En las partes alta y baja de un marco moldurado, sombreado y de apariencia tridimensional, aparecen sendos grupos alegóricos: uno de tres putti que rodean una cartela conteniendo las armas reales y, en su contraparte, la personificación alada de la Fama con dos trompetas en mano. En la filacteria que ondea sobre un putto, mismo que sostiene una corona de laurel, está inscrito el lema: Detrahit atque solit. En una cartela coronada pueden reconocerse las armas de Castilla y León y las flores de lis de la dinastía borbónica. También pende del blasón la condecoración de la orden de Carlos III formada por el collar, el Toisón de Oro y la Gran Cruz de ocho puntas con la Inmaculada Concepción al centro.

El grupo inferior está compuesto por las personificaciones femeninas de la tres nobles artes, todas coronadas con una hipoglótida (corona de laurel) y ataviadas con jubón y capa; de izquierda a derecha representan a: la Arquitectura, recostada sobre una columna jónica, con plomada y compás a sus pies y escuadra en la mano (atributos de estabilidad y solidez); la Pintura, con pincel en mano, paleta y tiento, frente a un caballete con el retrato de perfil de Carlos III, también laureado (recursos con los que alcanza tanto la ficción como la perfección al evocar e imitar a la naturaleza), tiene una mordaza en la boca y del cuello le cuelga una máscara ciega, para indicar que el arte de Apeles es poesía muda del mismo modo que la poesía es pintura para los invidentes, y, luego de un libro o tratado (para connotar que el estudio es el dominio de todas ellas), la Escultura, que, sentada en el borde del marco, martillo y cincel en mano, abraza un torso masculino; a su lado, en la penumbra, se aprecian tres bustos que representan el ciclo de la vida: un niño, un joven y un anciano (aludiendo a que uno de sus fines más elevados era perpetuar la memoria de los pasos de los grandes hombres). En el extremo aparece, además, un marco o artefacto para el estudio de la perspectiva común a todas ellas: el cuadrado geométrico, también llamado "velo de Alberti".

En los flancos se encuentran dos medallones circulares: en el de la izquierda se ven los dos hemisferios terráqueos abrazados por el anagrama de la Academia de San Carlos en los que se posa un águila batiente y coronada; en el de la derecha, el escudo de la ciudad de México, compuesto por dos leones rampantes sobre un torreón, puente y aguas, y todo coronado con las "armas del reino" o el águila mexicana. En el paño central está grabada la leyenda que otorga el título, luego viene el espacio en blanco para las rúbricas del caso y se termina en dos secciones con gotas.

Comentario

Conforme a un dibujo de Cosme de Acuña y Troncoso ¿quien había sido preceptor de pintura en la escuela mexicana¿ se abrió en Madrid alrededor de 1794 una plancha para dar fe, de forma legal y expresa, de la obtención del título de académico de mérito a sus posibles egresados.

Entre los asuntos que llevó a la corte el procurador novohispano Ramón de Posada se encontraba este encargo hecho por la Junta de Gobierno de la Academia que, para el efecto, dispuso una partida correspondiente. Posada había sido el consiliario más antiguo en el gobierno de la escuela y también había fungido como presidente de la misma desde 1788; por lo que su viaje y larga estancia en la metrópoli, a partir de noviembre de 1793, era visto como una posición de ventaja para el futuro institucional y artístico de la Academia mexicana. Acuña, luego de los conflictos que tuvo con el director Gil, había regresado a Madrid desde 1791 pero también se desempeñaba como agente o representante de los intereses de la escuela mexicana, ya emitiendo pareceres, ya encabezando el malogrado proyecto de los becarios.2 Era una consecuencia lógica, pues, que Posada solicitara a Acuña este trabajo para remitirlo a México, y merced a lo cual agregaría a su conocido título de académico de San Fernando el de "director de pensionados de la Real de San Carlos de Nueva España". Así lo informó Posada a la junta en dos cartas fechadas en marzo de 1794 "relativas a la lámina de títulos de académicos".3 Y un año más tarde el grabador Moreno Texada, quien era curiosamente de formación autodidacta, solicitaba a la Academia mexicana ¿ con el aval de Manuel Tolsá¿ la gracia del mismo título en razón de haber realizado este servicio mecánico.4 Por causas que nos son hasta hoy desconocidas, el dibujante y el grabador fecharon hasta 1797 esta obra de encargo.

  Al término de sus prolongados estudios y avalado por sus maestros y correctores, el aspirante podía solicitar este grado, para lo cual se le señalaba una prueba de "repentino" y otra de "pensado" que consistían en desarrollar en menor y mayor tiempo, respectivamente, un programa arquitectónico (planta, corte y alzado), un bajorrelieve o una pintura de género histórico, según el caso. Es conocido el celo con que la Academia concedía este título y a la que estaba obligada de forma estatutaria, junto con los de "honorario" para los benefactores y "supernumerario" para los externos. Ha sido difícil saber el número preciso de títulos "de mérito" concedidos, pero se cree que no pasaron de una veintena, habida cuenta de la deserción del alumnado, los intereses creados en el seno del profesorado y la crisis política que se vivió a finales del virreinato.5 Nótese que un número considerable de estos ejemplares quedaron sin uso y hoy se conservan en la Dirección de Patrimonio de la propia Academia.6 La posesión de este documento no sólo licenciaba para el ejercicio profesional de los artistas en todo el territorio de la Nueva España, y en las demás posesiones de la monarquía, según su ramo de especialización, sino que les confería a sus titulares una nueva posición social al nombrarlos "hijosdalgos"; todo lo cual, según afirma la leyenda, los elevaba muy por encima de su antigua condición gremial y les otorgaba un rango en la nobleza, con todo y sus prerrogativas e inmunidades correspondientes. Por eso mismo era la persona del rey, o del virrey en su ausencia, el otorgante principal. También les facultaba para acceder, en caso de invitación, a ser consiliarios y miembros del cuerpo de profesores de la misma institución; es decir, sus poseedores lograban colocarse como funcionarios reales (la figura más controvertida y novedosa de todas).

  Este diploma comparte un aire de familia con otros documentos burocráticos de su tiempo, en donde generalmente se destacaba el patrocinio real sobre las artes ¿donde la efigie del monarca se colocaba como centro de sus afanes¿, para subrayar justamente el espíritu centralizador del absolutismo. Desde luego se puede establecer una correspondencia con los diplomas de San Fernando de Madrid, San Carlos de Valencia y San Luis de Zaragoza.7 Pero también hay que recordar que el mismo Acuña había realizado una alegoría igualmente ligada al protectorado borbónico sobre las artes, durante sus años de aprendizaje en la academia madrileña. En 1781 concursó y obtuvo el segundo premio de la primera clase con un ejercicio "de pensado", propuesto por su maestro Francisco Bayeu para celebrar el nacimiento del primogénito de Carlos IV y María Luisa de Parma, a saber: que a la cuna del infante concurrían las tres nobles artes ¿ con semejantes atributos¿ para acompañarlo en su educación y cantar las grandezas de su reino. A lo largo de su carrera profesional este hombre, oriundo de Galicia, dio muestras de su capacidad para desarrollar otros trabajos gráficos, con el mismo sentido documental   y alegórico o que servían en la papelería oficial de las instituciones borbónicas: Acción de la Real Compañía de Filipinas (grabado por Joaquín Fabregat y Fernando Selma, s. f. ), Acción del Real Banco de San Carlos (grabado por Joaquín Fabregat, s. f.) y los escudos del mismo banco (1784) y del Consulado de la Coruña (1804).

  La obra pertenecía a la colección de estampas del Museo de San Carlos y se integró al acervo del Museo Nacional de Arte en 1982.

Inscripciones

NOS EL VIRREYVICE-PROTECTOR PRESIDENTE Y ACADEMIA / DE SAN CARLOS DE

NUEVA ESPAÑA. / Por quanto en la persona de concurren la suficiencia y calidades que requieren nuestros Estatutos para ser Académico. / Por tanto, usando de las facultades que por el Rey nos están concedidas, le creamos Y declaramos que, además del asiento que le corresponde, y de quedar / hábil para los ascensos á que sejuere proporcionado en la Academia, debe gozar Juera de ella las honras y prerrogativas dispensadas por S.M. á su clase como se contienen en / el artículo 30 de los Estatutos, cuyo tenor es el siguiente. / A todos los Académicos de mérito que por otro título no tengan nobleza, se la concedo personal con todas las inmunidades, prerogativasy esenciones que la gozan los / Hijosdalgos de mis Reynos:y mando, que se las guarden y cumplan en todos los Pueblos donde se establecieren, exhibiendo el correspondiente Titulo. / Los Académicos, que residan Juera de México podran exercer libremente sus profesiones, sin que por ningún Tribunal ni Juez puedan ser obligados a incorporarse / en Gremio alguno, ni puedan ser visitados por sus Visita- dores o Síndicos. Y si algún Académico se incorporase en algún Gremio, por el mismo hecho quede privado de este / grado y de todos sus honores y privilegios. /Y para que, en conformidad de las intenciones del Rey, tenga todo el debido cumplimiento, mandamos expedir el presente, firmado por nosotros, y refrendado por el / Secretario de la Academia, en la Real Casa de su residencia en México.