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El martirio de santa Úrsula




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El martirio de santa Úrsula

El martirio de santa Úrsula

Artista: BALTASAR DE ECHAVE ORIO   (ca. 1558 - ca. 1623)

Fecha: ca. 1610-1620
Técnica: Óleo sobre tabla
Tipo de objeto: Pintura
Créditos: Museo Nacional de Arte, INBA Transferencia, 2000. ExPinacoteca Virreinal de San Diego.
Descripción

 

Nelly Sigaut. Catálogo comentado del acervo del Museo Nacional de Arte Pintura Nueva España T. II pp. 299

Descripción

El blanco cuello de Úrsula se exhibe indefenso ante el gesto feroz de su verdugo: la mano alzada sostiene la espada que se descargará para cumplir con el martirio de la virgen cristiana. Rodilla en tierra, las manos hacia atrás de la espalda, la gestualidad corporal de la víctima es el signo evidente de la resignación con la que acepta la muerte por su fe. A su lado, una mujer implorante mira la escena y espera la misma suerte. La posición clásica de la postura femenina, así como la cara con la vista alzada de la tercera mujer, parecen una firma del viejo Echave. En un fondo intensamente descriptivo, de fantasmagóricas siluetas que corren desesperadamente, se adivina el perfil de un barco, relacionado con la travesía de tres años de las once mil vírgenes. Al fondo a la derecha, el perfil de una ideal Colonia, escenario del martirio, sitúa a la escena en el espacio geográfico. La violencia del contrapunto primer plano-fondo, así como la gran figura masculina del brazo alzado (que se puede relacionar con la que aparece en El martirio de san Aproniano) y la gloria que se abre para dar paso a un ángel que lleva la corona de la victoria, sitúan a esta obra en la misma línea figurativa que los martirios masculinos (de Ponciano y Aproniano)

Comentario

En varios textos litúrgicos, como martirologios, calendarios y letanías, se menciona el 21 de octubre como la fecha dedicada a las vírgenes de Colonia, cuyo número y nombre varían según la versión (cinco, ocho y once en cuanto al número y Úrsula,

Senda, Gregoria, Pinnosa, Martha, Saula, Brítula, Saturnina, Rabacia, Saturia y Paladia, sus nombres). A pesar de que se ha tratado de ubicar su historia en los primeros siglos del cristianismo, ninguna de las leyendas escritas es anterior al siglo IX. El único testimonio anterior a estas fechas, pero igualmente en discusión, es la inscripción de Clematius, tallada en roca en el coro de la iglesia de Santa Úrsula en Colonia (fechada entre los siglos IV y V), que, por más que se ha intentado, no arroja más resultados que la prueba de la existencia de una basílica anterior y de unas vírgenes mártires. Una versión de su lectura es la siguiente: "Un tal Clematius, un hombre de rango senatorial, que al parecer vivió en Oriente antes de ir a Colonia, fue guiado por frecuentes visiones para reconstruir en esta ciudad, en tierra de su propiedad, una basílica que había caído en ruinas, en honor de las vírgenes que sufrieron martirio en ese sitio." Sin embargo, el testimonio escrito más antiguo es el Sermo in natali sanctarum Coloniensium virginum, según el cual miles de vírgenes sufrieron martirio durante la persecución de Dioclesiano y Maximiano, y de las cuales sólo se menciona el nombre de Pinnosa, la más importante de este grupo originario de Gran Bretaña. Alrededor del 850 se compiló el martirologio de Wandalberto de Prum, que se refiere a varias miles de vírgenes. En cambio, el martirologio de Usuard (ca. 875) sólo cita a "Martha y Saula con muchas otras". A pesar de estos vaivenes del relato, hacia principios del siglo X ya se había acuñado la frase "las once mil vírgenes", sobre la cual se han dado muchas interpretaciones. La más aceptada es que se trata de un error de lectura, o de interpretación, por ejemplo de los nombres Úrsula y Undemicillia o de Ursula y Ximillia, de donde se desprende Úrsula y sus once mil acompañantes. Otra variante es la lectura de la abreviatura XI.M.V. (undecim martyres virgines) mal interpretada como undecim millia virginum. Error o no, desde entonces se acepta tanto el número como el origen británico de santa Úrsula (que sustituyó a Pinnosa como la virgen principal).

  Dos antiguas versiones (del siglo X) cuentan las historias del viaje y posterior martirio de Ursula y sus compañeras. Se trata de Fuit tempore pervetusto (ca. 969- 976) que casi no se copió en la Edad Media y Regnante Domino, de fecha cercana a la anterior, y que tuvo una enorme difusión: Úrsula era hija de un rey cristiano de la Gran Bretaña y fue pedida en matrimonio por el hijo de un rey pagano. La joven deseaba consagrar su virginidad a Dios y pidió tres años para cumplir con la promesa de su padre. Junto con diez compañeras, a cada una de las cuales acompañaban mil vírgenes, se embarcó en once naves en las cuales pasaron tres años. Al momento de vencer el plazo, una ráfaga de viento las alejó de las costas de Inglaterra y llegaron a Colonia, viajaron luego a Basilea y a Roma, desde allí regresaron a Colonia, donde fueron asesinadas por los hunos. En el siglo XII se descubrió un gran número de cadáveres de mujeres, pero también de niños y hombres, en el Ager Ursulanus en Colonia. La historia conocida se basó en leyendas fantásticas nutridas por los relatos de las visiones, como las de santa Elizabeth de Schonau, de un religioso considerado como idéntico al beato Hermann Joseph de Steinfeld y la monja Helintrude. De estos relatos visionarios han salido los nombres de los acompañantes de Úrsula, incluyendo a un papa llamado Ciríaco, que renunció a su cargo para acompañar al grupo de regreso a Colonia y que, según esta visión, no aparece en los registros pontificios porque los cardenales, enojados por su decisión, borraron su nombre de todos los libros.1

  A pesar de que la autenticidad de la historia de Ursula y sus compañeras ha estado en discusión desde hace siglos, su culto tuvo amplia difusión, y sus reliquias llegaron a los ámbitos más lejanos de la cristiandad. La orden que creó santa Ángela de Merici, en 1535, dedicada a la educación de las jóvenes, no llegó a México hasta el siglo XIX, sin embargo, es posible que Úrsula se convirtiera en modelo para la educación de las niñas y, como tal, estuviera integrada al patrimonio de un convento femenino. Es que, a pesar de la sensualidad que caracteriza el tratamiento de las figuras femeninas, hay un cierto recato en la exhibición del drama. La acción está suspendida, aún no hay muerte, ni sangre y sí en cambio una dolorosa resignación. El color acompaña el tono general de la escena, con azules profundos, grises y pardos en el primer plano, así como pálidas encarnaciones en las mártires. Nuevamente es en el paisaje del fondo donde se destacan, en azules de distinta intensidad, el paisaje de la ciudad, el puerto y un grupo de figuras abocetadas tan características en Echave El Viejo, para crear profundidad y centrar la atención en el primer plano. Es interesante el cambio del lenguaje plástico al comparar este cuadro con dos obras del mismo tema firmadas por Juan Tinoco, que se encuentran en las capillas de Reliquias y del Ochavo de la catedral de Puebla, dadas a conocer por María Isabel Fraile Martín. Ambas pinturas son un gran ejemplo para mostrar las diferencias en la concepción del espacio, la figura   humana e incluso el color, entre el primer y el último tercios de siglo XVII.

  El martirio de Santa Úrsula formó parte de las Galerías de pintura de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1879. Figuró en el inventario levantado en 1916. Su fotografía en blanco y negro fue publicada en la obra de Manuel Toussaint Pintura colonial en México. Desde hace mucho la única noticia que se tenía es que se conserva en la Embajada de México en Inglaterra. Ésta es la primera fotografía a color que se publica de la obra, donde se puede observar que se encuentra en buen estado de conservación.