Museo Nacional de Arte

El martirio de San Lorenzo




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El martirio de San Lorenzo

El martirio de San Lorenzo

Artista: HIPÓLITO DE RIOJA   ((activo a mediados del siglo XVII))

Fecha: s/f
Técnica: Óleo sobre tabla
Tipo de objeto: Pintura
Créditos: Museo Nacional de Arte, INBA Transferencia, 2000. ExPinacoteca Virreinal de San Diego.
Descripción

Cora Falero Ruiz GUÍA MUSEO NACIONAL DE ARTE 70 y 71

Las representaciones de martirios de santos fueron temas recurrentes en la producción plástica novohispana y varios artistas las integraron en su repertorio plástico. Tal fue el caso de Hipólito de Rioja, cuñado del pintor Baltasar de Echave Ibía, quien trabajó en la segunda mitad del siglo XVII. El martirio de san Lorenzo y El martirio de santa Catalina de Alejandría muestran similitudes en su formato y composición, por lo cual probablemente formaron parte de una serie. En el primero se representó, al centro de la composición, la figura del santo de origen español, quien está sentado sobre una parrilla avivada por el fuego. Narra la historia que el propio Lorenzo pidió a sus verdugos invirtieran su cuerpo para ser quemado también por el dorso. Es por ello que en la mayoría de sus representaciones se le ve con el cuerpo hacia arriba. Un gran número de personajes presencian la escena y están dispuestos alrededor del martirizado, cada uno en una actividad diferente, pero siempre atentos al calvario. El artista los dispuso espacialmente en un forma circular, lo cual le da mayor movimiento compositivo a la obra. El trabajo del claroscuro es evidente, especialmente en las partes que iluminan la escena, las cuales se concentran en el cuerpo desnudo del santo y en la figura del ángel que abre la gloria. Éste porta la palma de martirio que ofrecerá al martirizado y su actitud permite un diálogo visual entre ambas figuras, como si fuera un salvador que ofrece el cielo al doliente. El rompimiento de gloria también se encierra en una figura circular bordeada por un gran número de angelillos que crean un equilibrio compositivo. La pintura de santa Catalina de Alejandría también muestra el justo momento en que la intervención divina le ayuda a enfrentar la prueba del martirio. Catalina fue condenada a ser degollada después de haber colocado su cuerpo sobre una rueca, la cual reventó al momento de iniciar su calvario. En esta pieza, Hipólito de Rioja también gustó por trabajar el claroscuro, los contrastes lumínicos son importantes y se remiten a la parte superior y a la figura de la santa. El artista dividió espacialmente la composición en dos mundos: el terreno, donde aparecen los verdugos y la multitud que corre asustada, y el mundo celestial, en el que Jesús abre la gloria y porta el estandarte rojo como símbolo de la resurrección. Asimismo, lleva la palma y la corona en sus manos, las cuales dará a la santa. Un aspecto a notar es que la división entre ambas dimensiones se une por la presencia de un ángel, quien descendió del cielo al mundo terrenal para indicar con su brazo derecho el camino de salvación que deberá recorrer Catalina, quien dirige su cabeza al cielo. Las dos pinturas hacen alarde del estilo del pintor y narran el pasaje más dramático de la vida de los dos santos. La fuerza expresiva que contienen los personajes, el empleo de la luz, la disposición espacial y formal de las figuras, así como su encerramiento geométrico le dan un carácter dinámico a las pinturas. Ambas obras provienen de la Pinacoteca Virreinal de San Diego e ingresaron al acervo del MUNAL en el año 2000.